El pueblo
El pueblo, su casco urbano, es modesto. Pero también es singular. Visto de lejos Aguilar parece una capital, extendido sobre el Cerrico y dominando la vega. De todas formas eso es una ilusión producto del vacío de alrededor y a que el casco urbano parece más una agrupación de masías (con la vivienda, majada, graneros, antiguas cuadras y eras) que un núcleo concentrado. La arquitectura tradicional es la propia de la zona: muros de piedra seca, forjados de madera y revoltón de escayola, y cubiertas de teja árabe. Hay zonas deterioradas, pero como en otras cosas, soplan nuevos aires para mejor.
Hoy por hoy podemos disfrutar de la arquitectura religiosa con la iglesia parroquial (2) —monumental— y las ermitas de la Virgen de la Peña (2) —construida sobre los restos del castillo—, Santa Catalina (2) —con crucería gótica y privilegio papal castillo escrito en piedra sobre la puerta de ingreso—, Santa Celestina —en ruinas— y el Santo Cristo —con atrio y canes de madera labrados—. Por supuesto, no podemos olvidar los pairones que jalonan el término municipal.
En cuanto a la arquitectura civil destacan edificios como los del Ayuntamiento (2), que sigue la tradicional tipología de planta baja con trinquete (lonja), las casas del Cura, Muñoz, la de los Pelaires —además de otras más modestas (2) pero igual de sugerentes—, el molino, el horno de pan cocer —actual bar— y la fuente del Bacio. Por tener, tenemos una escultura del escultor turolense más importante en la actualidad, Gonzalvo, y una placa que recuerda que el padre de Vicente Blasco Ibáñez, era choto.

